Una gran lección de Vida

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En un pueblo pequeño vivía un hombre que nunca se enojaba ni discutía con nadie. Vivía en una modesta pensión, donde era querido y admirado por todos, precisamente porque siempre encontraba una salida amigable para no contender con la gente.

Reflexiones Cristianas - Una gran lección de Vida
Una gran lección de Vida

Para probarlo, un día sus amigos acordaron montar una situación que sin duda provocaría irritación. Lo invitaron a cenar y comentaron todos los detalles con la mesera, quien en complicidad se encargaría de atender la mesa reservada para la ocasión.

Tan pronto como comenzó la cena, de entrada, se sirvió una sabrosa sopa. La mesera se acercó al hombre de la izquierda, y él rápidamente tomó su plato de esa manera para facilitar la tarea. Pero ella sirvió a todos los demás, y cuando fue su turno, se fue a otra mesa.

Él, tranquila y silenciosamente, esperó a que la mesera regresara. Cuando ella se acercó, ahora a la derecha, para recoger el plato, volvió a tomar el suyo en dirección al empleado, quien nuevamente se distanció, ignorándolo.

Después de servir a todos los demás, pasó a su lado, con una pizca de sopa humeante, desprendiendo el sabroso aroma. Y, habiendo terminado su tarea, regresó a la cocina. En ese momento no hubo ruido. Todos miraron, discretamente, para ver su reacción.

Para sorpresa de sus amigos, el hombre llamó cortésmente a la mesera que se volvió, fingiendo impaciencia, y dijo: «¿Qué quieres?» A lo que él, por supuesto, respondió: «disculpe señora, pero no me sirvió la sopa». Y ella, para provocarlo, respondió: «¡No mienta, si le he servido su sopa!» El hombre miró a la camarera y luego miró el plato vacío y limpio, estando pensativo por unos momentos…

Todos apostaban a que ahora se enojaría tanto que pelearía… Suspenso y silencio total. Pero el hombre, una vez más, sorprendió a todos, reflexionando tranquilamente: «¡Sí, lo hiciste, pero acepto un poco más!»

MORALEJA DE LA HISTORIA:

«La mayoría de las veces, no importa quién tenga la razón. La clave es evitar discusiones agotadoras e improductivas. Surgen muchas peleas motivadas por cosas insignificantes, que aumentan y se encienden con el calor de la discusión. Piénselo: la persona que se enoja huele el aire tóxico que se exterioriza y se envenena».

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