La ranita en la nata

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Había una vez dos ranas que cayeron en un recipiente de nata. Inmediatamente se dieron cuenta de que se hundían: era imposible nadar o flotar demasiado tiempo en una masa espesa como arenas movedizas.

Reflexiones Cristianas - La ranita en la nata
Reflexiones Cristianas – La ranita en la nata

Al principio, las dos ranitas patalearon con fuerza en la nata para llegar al borde del recipiente. Pero era inútil; sólo conseguían chapotear en el mismo lugar y hundirse. Sentían que a cada momento era más difícil salir a la superficie y poder respirar. Una de ellas finalmente dijo en voz alta:

No puedo más. Es imposible salir de aquí. En esta materia no se puede nadar. Ya que voy a morir, no veo por qué prolongar este sufrimiento. No entiendo qué sentido tiene morir agotada por un esfuerzo estéril.

Y dicho esto dejó de patalear. Se hundió con rapidez, fue literalmente tragada por el espeso liquido blanco. La otra rana, más persistente o quizás más tozuda, se dijo:

¡Uff… No hay manera!, nada se puede hacer para avanzar en esta cosa. Sin embargo, aunque sé que se acerca la muerte, prefiero luchar hasta mi último aliento. No quiero morir ni un segundo antes de que llegue mi hora.

Y con esta idea, siguió pataleando y chapoteando siempre en el mismo lugar, sin avanzar ni un centímetro, durante horas y horas. Y de pronto, de tanto patalear y batir las ancas, de tanto agitar y patalear, la nata se convirtió en mantequilla.

Sorprendida, la rana dio un salto y, patinando, llegó al borde del recipiente. Desde allí, saltó al camino y pudo regresar a casa croando alegremente. Es como aquella poesía de “Alma fuerte”: “No te des por vencido aún vencido”.

O más bien, en este caso: “No te des por vencido antes de ser vencido”. O también “No te declares perdedor antes de que llegue el momento de la evaluación final”.

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