¡CUÍDATE DE LA QUE DUERME CONTIGO!

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Por muchos años hemos culpado a Satanás de todos nuestro males; incluso lo catalogamos como el peor enemigo, que nos hace frente y nos impide seguir adelante. Sin embargo, existe un enemigo que no ha sido descubierto, y se trata de nuestra propia carne.

Reflexiones Cristianas - ¡CUÍDATE DE LA QUE DUERME CONTIGO!
¡CUÍDATE DE LA QUE DUERME CONTIGO!

«No creáis en amigo, ni confiéis en príncipe; de la que duerme a tu lado cuídate, no abras tu boca»Miqueas 7:5. El contexto en el cual el profeta Miqueas escribe este pasaje es uno de desconfianza; claramente la sociedad estaba atravesando conflictos y había que cuidarse hasta de la persona más cercana. No obstante, existe otra vertiente de aplicación para este pasaje, este refiere a la carne como el enemigo más peligroso que duerme con nosotros.

El apóstol Pablo dirige una carta a Timoteo, donde le dice: «Ten cuidado de ti mismo y de la doctrina; persiste en ello, pues haciendo esto, te salvarás a ti mismo y a los que te oyeren»1 de Timoteo 4:16. Dándole a entender que su mayor enemigo en el ministerio y en su vida espiritual se trataba de él mismo.

En el libro de Romanos, Pablo reveló una lucha interna dentro de sí, en donde nombra un Pablo carnal, cuya inclinación era el mal, pero a su vez también había un Pablo espiritual que fue creado en Cristo Jesús, cuyo deseo era hacer el bien. «Y yo sé que en mí, esto es, en mi carne, no mora el bien; porque el querer el bien está en mí, pero no el hacerlo. Porque no hago el bien que quiero, sino el mal que no quiero, eso hago. Y si hago lo que no quiero, ya no lo hago yo, sino el pecado que mora en mí»Romanos 7:18-20.

Claramente, la experiencia del apóstol le llevó a reflexionar en esta gran verdad, y le hizo entender que la batalla más grande que peleaba no era contra los enemigos que le hacían frente públicamente, sino que tenía un enemigo silencioso que día a día debía dominar. En lo espiritual Pablo se había vencido así mismo, por eso declaró: «Con Cristo estoy juntamente crucificado, y ya no vivo yo, mas vive Cristo en mí; y lo que ahora vivo en la carne, lo vivo en la fe del Hijo de Dios, el cual me amó y se entregó a sí mismo por mí«Gálatas 2:20. Pablo no temía morir, pues ya estaba muerta su carne; todo el deseo a la vida humana se hallaba derrotado y su único anhelo era por lo espiritual.

¡Cuídate de ti mismo!

Hay dos personalidades viviendo dentro de nosotros, el Adán caído y el Adán restaurado. El hombre interior hecho según Dios anhela el cielo, la santidad, las cosas de Dios, pero el viejo hombre que está allí que no se ha muerto, anhela las cosas de este mundo.

Muchas veces no son los ataques del enemigo los cuales detienen el propósito de Dios en nuestras vidas, sino que es nuestro «Yo» lo que nos hace frente y nos impide seguir adelante. Por eso, ten cuidado de ti mismo, de tu carne. Llévala a la cruz cada día y véncela. No te confíes y no dejes que tu peor enemigo triunfe sobre ti, toma el ejemplo de Pablo y di: «¡Ya no vivo yo, ahora Cristo vive en mí!».

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