Tokio 2020: Jessica Long solo se rinde a Jesús ante sus éxitos

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La nadadora estadounidense realiza su quinta participación en los Juegos Paralímpicos. Actualmente, con su oro en 100 mariposa (tercer oro en Tokio), logra 29 medallas dando gracias a Jesús.

Tokio 2020: Jessica Long solo se rinde a Jesús ante sus éxitos
Jessica Long, durante una de las seis pruebas que ha nadado en Tokio.

Long ha agrandando su leyenda en la piscina del Centro Acuático de Tokio. Jessica, quien llegó a Tokio con 23 medallas en su palmarés, ha sido la más rápida en los 100 metros mariposa S8 (discapacidad física).

Con el oro obtenido suma 3 medallas de oro y 6 en lo que va de competición, con lo cual elevaría su palmares a 29 medallas paralímpicas. Cabe a destacar, que de las 29 medallas, 16 de ellas son de oro.

Aunque la comparación en los juegos paralímpicos hay que hacerla con la ex nadadora estadounidense Tischa Zorn con 55, 1 de ellas de oro, es un registro inalcanzable.

Historia de Jessica Long

Jessica Long, nació en 1992 en Irkutsk, Siberia, Rusia. La estrella estadounidense cuyo lema ha sido «la única discapacidad en la vida es una actitud negativa», nació en Siberia hace 29 años y fue adoptada por una pareja cristiana estadounidenses a los 13 meses.

A los 18 meses tuvieron que amputarle las piernas por debajo de las rodillas y aprendió a nadar en la piscina de sus abuelos. A su corta edad de 10 años, ya estaba compitiendo.

En el año 2013, Jessica logró reunirse con sus padres biológicos y confesó que: «Realmente soñaba con este momento. Mis padres en Estados Unidos siempre me dijeron que era adoptada. Nunca ha sido un secreto para mí.»

Long rinde su éxito ante Jesús

Jessica Long relata a menudo su viaje por la vida en el deporte y la de su fe en Jesús, incluyendo con este la trajo a él.

«No sucedió de la noche a la mañana; fueron tres años de asistir a mi estudio bíblico, a la iglesia, tener una comunidad de creyentes, y a menudo luché contra Dios en todo», dijo.

«Pero hubo un momento en junio de 2013 en el que sentí en mi corazón que no quería cuestionar a Dios. Lo más importante que me decía mi alma era: ‘Quiero darle a Dios todo mi corazón y no solo una parte de mí'».

Ahora, después de ocho años, Long se encuentra agradecida de lo posición en la que Dios la ha colocado para usar su talento en la natación para glorificar su poder.

«De pequeña, es difícil comprender que Dios te va a usar de esta manera y que la natación entraría en juego, convirtiéndose en una plataforma para llegar a otras personas», dijo.

«Definitivamente creo que ha sido una de las cosas más geniales: llegar a otras personas a través de mi historia, mi testimonio».

Tras ganar su última medalla, realizó un post de Instagram agradeciendo a Jesús:

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