Crecimiento personal

Trabajar para los jóvenes y con los jóvenes

By junio 19, 2018 No Comments

Poco a poco la iglesia está tomando en serio la pastoral juvenil y por qué no… si casi la mitad de los habitantes de nuestro continente son adolescentes.

Muchas iglesias han dispuesto esfuerzos desde hace tiempo para hacer algo con estas “personillas” y ante este desafío se ha formado lo que llamamos la pastoral juvenil, que es un espacio en el cual se siguen ciertos objetivos específicos de carácter formativos. En mi experiencia de conocer ministerios juveniles de casi todo mi país, puedo resumir estos objetivos de esta manera:

Observarles en su proceso de madurez, fortalecerles espiritualmente y éticamente, anunciarles el amor de Dios, enriquecer sus novedosas formas de celebración (aunque en algunas iglesias ciertas expresiones juveniles aún se ven con mucho recelo), desarrollar una actitud crítica (evangélica) a los sucesos culturales y políticos, presentarle a Jesús de manera creativa y abrirles espacio de participación en la iglesia.

El fin de estos objetivos en el trabajo de la pastoral juvenil tradicional como ya dijimos es formativa, pero formativa en virtud de lo que la iglesia espera que sean lo chicos. Esta meta se logra cuando nuestros jóvenes llegan a ser “cristianos evangélicos responsables” y comprometidos con su congregación (para algunos sectores más radicales, mientras menos se demora el joven en terminar esa inestable y virulenta etapa de peregrinaje por su limbo personal, mucho mejor, es que al parecer, el trabajo con jóvenes en la iglesia es como la barrera de contención, para que esta avalancha no haga estragos en la congregación.

Por eso que a menudo se ve que al llegar los muchachos a constituir una familia o ya salen de la universidad o están trabajando, se retiran del grupo juvenil, pues ya se pasó la etapa de formación y ahora pueden estar preparados para asumir otras labores en la iglesia que son más serias) Mi crítica frente a este modelo, es que la pastoral juvenil tradicional no ha llegado a ser todo lo que debiera ser, porque en repetidas ocasiones se ha pasado por alto el primer y gran criterio para orientar nuestras acciones pastorales, que es la vida de los jóvenes, esto quiere decir, no tenerlos únicamente como objetos de nuestra formación y en cambio tomar el desafío de considerarlos sujetos constructores de su propia identidad, asumiendo nuestra labor como facilitadores de su andar y no (como he visto en muchas partes) tomar “por ellos” el volante de sus vidas y tratar de andar en el camino que a ellos les corresponde andar.

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