¡Razones para practicar el cuidado mutuo en el matrimonio! 2da parte

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La guerra entre la carne y el Espíritu nunca termina.

Algunas personas dicen que todos sus problemas se resolvieron cuando llegaron a Jesús. Pero si en verdad llegaron a la fe, si bien el problema principal está resuelto (nuestra condición de pecadores delante de Dios), ahora vendrá una nueva serie de problemas que nunca imaginamos.

Cuando crees en Jesús, empiezan muchos problemas para ti. Antes hacías lo que querías y no tenías ninguna lucha al respecto, pero ahora tienes el Espíritu. Entonces, cuando haces algo que no agrada a Dios, hay una pelea en tu interior.

Como leemos en Gálatas 5:16-17, “Digo, pues: anden por el Espíritu, y no cumplirán el deseo de la carne. Porque el deseo de la carne es contra el Espíritu, y el del Espíritu es contra la carne, pues éstos se oponen el uno al otro, de manera que ustedes no pueden hacer lo que deseen”.

Necesitamos cuidarnos porque hay una guerra en la que necesitamos avanzar.

No podemos pelear esta guerra solos.

La vida cristiana no es para Rambo o para el llanero solitario. La santidad es un proyecto de comunidad.

Hebreos 3:12-13 nos enseña: “Tengan cuidado, hermanos, no sea que en alguno de ustedes haya un corazón malo de incredulidad, para apartarse del Dios vivo. Antes, exhórtense los unos a los otros cada día, mientras todavía se dice: ‘Hoy;’ no sea que alguno de ustedes sea endurecido por el engaño del pecado”.

Necesitamos de otras personas si queremos avanzar en nuestro crecimiento. Y si esto es verdad, entonces el siguiente punto es evidente.

Nuestro cónyuge en nuestro mejor socio en esta meta.

No hay nadie en el mundo más adecuado que tu esposo o esposa para ayudarte en tu caminar espiritual. Dios nos ha dado, en nuestro cónyuge, a alguien lo suficientemente cercano para ayudarnos.

Eclesiastés 4:9-11 es palpable de manera especial en el matrimonio:

“Más valen dos que uno solo,

Pues tienen mejor pago por su trabajo.

Porque si uno de ellos cae, el otro levantará a su compañero;

Pero ¡ay del que cae cuando no hay otro que lo levante!

Además, si dos se acuestan juntos se mantienen calientes,

Pero uno solo ¿cómo se calentará?”.

Anteriormente he enseñado que el fundamento del matrimonio cristiano es experimentar la unidad especial que Dios crea por medio de su Espíritu, donde los cónyuges desarrollan una relación espiritual que incluye crecimiento espiritual e intimidad espiritual.

La intimidad espiritual es el sentimiento de cercanía que se percibe entre los cónyuges cuando comparten su crecimiento espiritual; cuando comparten lo que Dios ha hecho y hace en sus vidas. Y ese es el mayor regalo que cada parte de la relación puede dar a su pareja. Necesitamos eso en nuestros matrimonios si queremos avanzar hacia la meta que el Señor tiene para nosotros. Por eso buscamos practicar el cuidado mutuo en la vida matrimonial.

Pastor Luis Méndez

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