¿Qué hacer con mi hijo drogadicto?

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Muchos padres me preguntan qué pueden hacer con sus hijos drogadictos, los cuales  no quieren buscar ayuda, ni entrar a un programa de rehabilitación, y aunque es una situación dolorosa, esta es mi respuesta.

Partamos del relato de la historia bíblica del hijo prodigo, relatada por Jesús en la Biblia (Lucas 15:11-36). Cuando el hijo pródigo quería hacer lo que le daba la gana, sabía que tenía que irse de su casa, y fue al padre pidiéndole parte de su herencia, porque quería ser independiente. El sabía de las consecuencias que tendría al irse, pues según las costumbres y normas del judaísmo, esta acción lo convertía para la familia en un hijo muerto. Su padre no iba a tolerar tal acción, y una vez que se fuera, sería igual a que hubiese muerto.

En la cultura judía cuando los hijos desobedecían las normas de hogar, tenían que irse de la casa, incluso lo lloraban como que fuera un velorio, y a partir de ese momento el hijo o la hija ya no existían.

Hijo prodigo 1Cuando el hijo eligió romper las reglas del juego para vivir una vida “loca”, automáticamente el padre rompió toda relación con el hijo. Éste se fue de la casa y derrochó toda la herencia en placeres, mujeres y borrachera, quedando sin nada, en completa ruina. Llegó al estado más crítico al cual podía llegar un ser humano, no tener ni techo, ni comida. Fue entonces que busco trabajo en una granja, cuidando cerdos y comía de la comida de ellos.

Fue en esta condición, cuando tocó fondo, que volvió en sí, y pensó; “yo aquí comiendo comida de animales y los empleados de mi padre viven mejor que yo, por lo tanto volveré  a mi padre, para que me perdone, y que aunque ya no puedo ser su hijo, le pediré que me reciba tan solo como uno de sus jornaleros”.

La paradoja de esta historia nos ayuda a establecer unas pautas para aquellos padres cuyos hijos viven desordenadamente y caen en la droga y vida loca. Si tu hijo no quiere aceptar las normas del juego en la disciplina y vivencia familiar, no te quedara más remedio que échalo de la casa, y dejarlo que toque fondo, porque de lo contrario, difícilmente le podrás ayudar, ya que con la protección lo haces mas adicto y debes saber que en la mayoría de los casos, te robara y podrá afectarte a ti emocionalmente y ser una influencia dañina para el resto de la familia.

Sé que este consejo es duro, pero no te queda más opción; o mantienes en su vicio, que no es correcto, o lo hecha a la calle para que con el sufrimiento recapacite. Además debes pensar el daño que te hará a ti y a sus posibles hermanos. De manera que el que no quiera vivir bajo mi techo respetando los principios de mi casa, ahí está la calle, que haga con su vida lo que le dé la gana.

Estas palabras son duras, pero he comprobado en mis 50 años trabajando con jóvenes con problemas de drogas que los que salen a flote y logran cambiar son en su mayoría aquellos que han tocado fondo, y lo han perdido todo. En la vida solo hay dos formas de aprender y recapacitar; una es tomar consejo y ver en otros las posibles consecuencias de mi desobediencia, y la otra forma es sufrir en carne propia las consecuencias de mi pecado y perderlo todo, de lo contrario, nadie buscara un cambio profundo.

Pastor Mario E. Fumero

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