Proverbios 6: 20-35 Amonestación contra el adulterio

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  1. Hijo mío, guarda siempre en tu memoria los mandamientos y enseñanzas de tus padres.
  2. Llévalos siempre sobre tu corazón, átalos alrededor de tu cuello;[2]
  3. Te guiarán cuando andes de viaje, te protegerán cuando estés dormido, hablarán contigo cuando despiertes.
  4. En verdad, los mandamientos y las enseñanzas son una lámpara encendida; las correcciones y los consejos son el camino de la vida.
  5. Te protegerán de la mujer malvada, de las palabras melosas de la mujer ajena.
  6. No permitas que su belleza encienda tu pasión; ¡no te dejes atrapar por sus miradas!
  7. La prostituta va tras un bocado de pan, pero la adúltera va tras el hombre que vale. [3]
  8. El que se echa fuego en el pecho, sin duda se quema la ropa.
  9. El que camina sobre las brasas, se quema los pies.
  10. El que se enreda con la mujer ajena, no quedará sin castigo.
  11. Nadie desprecia al ladrón que roba para calmar su hambre;
  12. Aunque si lo encuentran robando, tendrá que devolver siete veces lo robado, y aun tendrá que dar todo cuanto tenga.
  13. ¡Qué imprudente es el que anda con la mujer ajena! ¡El que lo hace se destruye a sí mismo!
  14. Tendrá que afrontar golpes y ofensas, y no habrá nada que borre su deshonra.
  15. Porque el hombre celoso es como un fuego, y no perdona a la hora de vengarse;
  16. No acepta desagravio alguno, ni se calma ante muchos regalos.
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