El nuevo pacto. 3ra parte

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Para determinara la relación de la iglesia con el nuevo pacto, es necesario aclarar seis puntos.

  1. El nuevo pacto dado a Israel en Jeremías, Ezequiel y los otros profetas no se cumplen con la iglesia. Como ya hemos visto, este es un pacto eterno, incondicional, el cual Dios ha declarado enfáticamente que cumplirá. Él hizo el pacto con Israel, y lo cumplirá con Israel. Él cumplirá en relación con la segunda venida de Cristo. De ningún modo se puede cumplir este pacto a través de la iglesia y causar que Israel sea apartado.
  2. El silencio de los profetas del Antiguo Testamento con respecto al papel de la iglesia en el nuevo pacto no excluye automáticamente de tener alguna clase de relación con el mismo. El apóstol Pablo enseña que la iglesia es un “misterio”, y esto significa que el tema de la iglesia, el cuerpo de Cristo, no se encuentra en el Antiguo Testamento (Ef. 3:3-6). Por consiguiente, no debería preocuparnos demasiado que los profetas no mencionen la iglesia en sus declaraciones sobre el nuevo pacto.
  3. En el pacto abrahámico se hicieron disposiciones para la bendición de los gentiles (“serán benditas en ti todas las familias de la tierra”, Gn. 12:3). La salvación y la bendición de los gentiles siempre fueron parte del plan e interés de Dios. En el Antiguo Testamento, el libro de Jonás revela gran parte del corazón de Dios para los gentiles. No es de sorprenderse que, después de la cruz, los gentiles en la iglesia sean visto como los receptores de la salvación y la bendición debido al pacto abrahámico (cp. Gá. 3:14; Ro. 11:11-20). Puesto que la iglesia (ahora compuesta principalmente por gentiles) recibe algunas bendiciones del nuevo pacto, no significa que Israel no recibirá estas mismas bendiciones, y más, en el futuro.

Algunos comentarios más sobre este tercer punto respecto a los creyentes gentiles. Los gentiles en la iglesia son participes de las bendiciones del nuevo pacto, aunque el nuevo pacto haya sido hecho con Israel. Mateo 15:21-28 clarifica esta verdad. Aquí el Señor Jesús deja claro que sus milagros son solo para Israel; anteriormente Él instruyó a sus discípulos respecto a la misma verdad (cp. Mt. 10:1, 5-6). Ahora una mujer gentil se acerca a Jesús en busca de la sanidad de su hija. Él no la sana pues dice que sus milagros son solo para Israel. Pero ella persiste en su pedido de sanidad, y finalmente Jesús sana a su hija. La verdad de que sus milagros son solo para Israel no ha cambiado, sin embargo, debido a su fe, esta mujer gentil llegó a ser partícipe de la bendición que era para los israelitas.

Supongamos que mi esposa y yo hemos ido al banco a obtener un préstamo para nuestra casa. Nosotros dos y el funcionario bancario que representa al banco somos las partes legales del contrato (pacto), y una vez firmado y legalizado (“ratificado”) esto no puede cambiar. Nuestros hijos o nuestros amigos no son parte de nuestra obligación legal. Pero nuestros hijos o amigos podrían venir a vivir con nosotros y disfrutar de las bendiciones de vivir en nuestra casa. Ellos podrían ser “partícipes” de las bendiciones que vienen con una casa sin ser partes del contrato.

Así sucede con la iglesia. Somos muy privilegiados de ser partícipes de las bendiciones del nuevo pacto, pero no hemos remplazado las partes del nuevo pacto.

  1. La iglesia participa de las bendiciones del nuevo pacto, pero no todas ellas. Como miembros del cuerpo de Cristo, el Espíritu Santo nos regenera, mora en nosotros, nos perdona y nos enseña, igual que hará con Israel en el futuro. Sin embargo, estas bendiciones no tienen relación con las promesas nacionales que tienen que ver con restauración a la tierra y las bendiciones relacionadas con la tierra. Solo Israel recibirá éstas.
  2. La iglesia está relacionada con el nuevo pacto en el servicio de la Cena del Señor. En el aposento alto la noche antes de su crucifixión, Jesús instituyó la Cena del Señor con esta declaración: “Esta… es el nuevo pacto en mi sangre” (Lc. 22:20). Dado que Jesús habló del nuevo pacto, podemos suponer que Él se estaba refiriendo al pacto dado en Jeremías. Se podría suponer que los discípulos judíos habían entendido que Él estaba hablando del pacto de salvación profetizado en Jeremías. Jesús dijo que su muerte instituiría este pacto.
  3. El apóstol Pablo se considera a sí mismo y a los demás como ministros del nuevo pacto en 2 Corintios 3. El ministerio de Pablo se enfocaba en los gentiles, y los gentiles especialmente Pablo les llevó las bendiciones del nuevo pacto.

La iglesia, pues es participe de las bendiciones espirituales del nuevo pacto al disfrutar de la regeneración, el perdón de pecados y la presencia y ministerio del Espíritu Santo. La iglesia es principalmente gentil en su constitución; está compuesta por los que han sido injertados misericordiosamente por Dios hasta completar su número. Multitudes de gentiles experimentan las maravillosas bendiciones del nuevo pacto. Pero la iglesia no constituye el Israel nacional, las personas con las que Dios hizo este pacto. La iglesia no cumple ni puede cumplir el nuevo pacto. Su cumplimiento aguarda la llegada de Jesús, el Mesías. Cuando Él regrese en la segunda venida, se recibirán todas las bendiciones materiales y espirituales prometidas a Israel.

Paul. N. Benware. Profesor de la División de Estudios Bíblicos de Philadelphia Biblical University

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