Liderazgo es interrupciones. 2da parte

361

Un buen ejemplo de alguien cómo manejar positivamente las interrupciones fue el gran boxeador Gene Tunney, que le quitó el título de los pesos pesados a Jack Dempsey. Cuando Gene Tunney estaba en la Primera Guerra Mundial, se rompió las dos manos. Su médico, que era al mismo tiempo  su mánager, le dijo que ahora sus manos eran frágiles; ya no podría volver a boxear. Pero Tunney decidió hacer un cambio en su estrategia. En lugar de confiar en la contundencia de su golpe, como antes, se convirtió en un boxeador estratégico; aprendió a moverse bien, a ganar puntos, a esquivar hábilmente los golpes. Cambió de estrategia, pero no de meta. Eso es exactamente lo que debemos hacer con las interrupciones. Tenemos que cambiar la táctica, manipular las circunstancias, pero continuar apuntando a la meta. He descubierto que hay tres pautas que pueden ayudarnos a manejar las interrupciones.

Primero: Descubran cual es la voluntad especifica de Dios para su vida. Nada nos mantendrá mejor en el camino a la meta que saber cuál es el propósito individual de Dios para nuestra vida.

Segundo: No ceda a los deseos de la carne. Si sede a los deseos de la carne, siempre tomará la salida más fácil. Oblíguese a hacer lo que hay que hacer, y desarrollará su carácter. Al desarrollar los músculos de su carácter, descubrirá que cada vez que deba usarlos estarán más fuertes.

Siempre que usted vaya a hacer algo grande para Dios, habrá 27.000 personas a su alrededor que le dirán por qué no podrá, ni debería ni logrará hacerlo. Lo único que estas personas hacen, es testificarle  de sus propias experiencias. Ellas no han pagado el precio de la grandeza, y por lo tanto no comprenden cómo usted puede hacerlo. Pero los líderes eficaces, los que han pagado el precio, conocen el valor de los ejercicios que desarrollan el carácter. Saben que no pueden ceder ante los deseos carnales, ya sean los suyos propios o los de los demás.

Tercero: No se esfuerce por sobrevivir. Lea Gálatas 1:15-17, y verá estos tres principios en acción. Una vez que Pablo vio su meta, no miró ni a derecha ni a izquierda en busca del camino más fácil: simplemente avanzó en la dirección a la que apuntaba el dedo de Dios. La meta de Pablo no era sobrevivir; tampoco deberá ser la suya. Es increíble lo que sucede cuando cuán felices somos o cuán extraordinario fue un día cuando nos basamos en lo fácil que nos resultó.

John C. Maxwell

Deja tus comentarios