La nación de Israel y los propósitos declarados de la tribulación.

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Es correcto y natural suponer que Dios tiene un propósito en cualquier cosa que hace. Puede que decida no explicar sus propósitos a su creación, pero a veces lo hace, como es el caso del período de la tribulación. El primer propósito, y probablemente el propósito principal de la tribulación es preparar la nación de Israel para el Mesías y el reino mesiánico (milenario). El segundo propósito importante es ejecutar juicio sobre los malvados y, en el proceso, recuperar la tierra de manos de Satanás y de aquellos que hacen tu voluntad. Debería notarse que Dios no necesita siete años o ni siquiera siete segundos para ejecutar juicio sobre los malvados; por lo tanto, el juicio probablemente no sea la razón principal de período de la tribulación. Sin embargo, se requiere tiempo para llevar una gran cantidad de personas a la fe en Jesús, y ello sugeriría la primacía del primer propósito.

La primacía del propósito de preparar a Israel para su Mesías y su reino se evidencia en varios pasajes. Por ejemplo, este período es considerado como el “tiempo de angustia para Jacob” (Jer. 30:7). Aunque esto no significa que otras naciones no participarán, sugiere que Israel es el centro de este período de tribulación. Otros pasajes muestran que la tribulación tiene un carácter definitivo de juicio (p. ej. Dt. 4:30; Dn. 12:1; Ez. 20:37; Zac. 13:8-9; Mt. 24:15-20). El enfoque importante de este período es la llegada de la salvación para Israel y, consecuentemente, para los gentiles también (p. ej. Dn. 9:24; Ez. 36:25-36; 37:1-14; 39:21-29; Jer. 31:31-34; Mal. 4:4-6; Ro. 11:25-28; Ap. 7:4-14). Como nación, Israel nunca se ha colocado bajo el nuevo pacto de salvación. Es absolutamente esencial para Israel llegar a ser partícipes del nuevo pacto antes que pueda haber un cumplimiento final y completo de las promesas del pacto del Antiguo testamento.

Tal vez, ningún pasaje explique este propósito principal de la tribulación de una manera tan detallada como Daniel 9:24-27. Este pasaje clave clarifica nuestra compresión de los propósitos del período de la tribulación. Daniel 9 registra la oración preocupante de Daniel al ver a su pueblo de Israel en la cautividad babilónica, producida por su idolatría y desacato a la ley de Dios. La nación había experimentado la derrota, la destrucción de Jerusalén y el templo, la cautividad en una tierra extranjera. Daniel no solo confesó  los pecados de su pueblo de Israel, sino que intercedió por ellos y acudió a Dios para que cumpliera su promesa de restaurar a Israel nuevamente a su tierra. Aunque Daniel y otras personas piadosas reconocían que Israel no se merecía la bendición y restauración, sabían que Dios había hecho ciertas promesas. El profeta Jeremías había profetizado siete años de cautividad, y aunque ese período de cautividad casi había terminado, no parecía haber ningún movimiento hacia la restauración.

Profundamente preocupado por la posibilidad de que no se cumpliera la promesa de Dios, Daniel oró. La extensa oración de Daniel se centró en los dos asuntos del pueblo de Israel y la ciudad de Jerusalén. Su oración muestra una y otra vez la preocupación por “tu ciudad Jerusalén, tu santo monte… Jerusalén y tu pueblo… tu santuario asolado… tu ciudad y… tu pueblo” John C. Whitcomb enfatiza la naturaleza de las peticiones de Daniel:

Es de gran importancia que reconozcamos las cosas por las que oro Daniel, y por las que no oró. Él no oró por el bienestar espiritual de la iglesia, el cuerpo de Cristo. No oró por la prosperidad espiritual de los santos de todas las edades. Él oró por “tu ciudad Jerusalén, tu santo monte”… Esta distinción es sumamente importante, porque la respuesta de Dioses tan especifica como la oración de Daniel. La respuesta que Dios envió a través del ángel Gabriel se centra exclusivamente en Jerusalén e Israel, y de este modo pasa por alto a toda la era de la iglesia.    

En respuesta a su oración  sobre estos dos asuntos, el Señor envió al ángel Gabriel con un mensaje concerniente al futuro de Israel. Gabriel informó a Daniel que Dios iba a tener un trato especial con Israel por “setenta semanas” (la cual debido al contexto se entiende comúnmente que significa setenta veces siete, o cuatrocientos noventa años estaría compuesto de tres divisiones distintas. La primera unidad de siete semanas (cuarenta y nueve años) es el período de tiempo para la reedificación de la ciudad de Jerusalén; la segunda unidad de sesenta y dos semanas (cuatrocientos treinta y cuatro años), y deja una semana (siete años) a abordar todavía en el pasaje.

Después de la segunda división de tiempo, pero antes de la división final (de siete años), sucederán dos acontecimientos clave: la muerte del Mesías y la destrucción de la ciudad de Jerusalén. Colocar estos dos sucesos después de las sesenta y nueve semanas, pero antes de la semana septuagésima, parece indicar una brecha de tiempo. Esto deja un margen, aunque no necesariamente, para la era de la iglesia. Pero dado que la última semana esta desvinculada de las sesenta y nueve semanas, surge la pregunta de cuanto tendrá lugar esta última semana. La respuesta dada es que cuando “el” (probablemente el anticristo) haga un pacto con Israel, comenzará la última semana. Este pasaje se abordará con más detalle en relación con el planteamiento sobre el período de la tribulación.

Paul. N. Benware. Profesor de la División de Estudios Bíblicos de Philadelphia Biblical University

 

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