Experiencias pasadas

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Vemos nuestros problemas según tres cosas: las experiencias pasadas, el ambiente actual y la evolución personal. Comencemos con las experiencias pasadas. La forma en la que hemos manejado los problemas en el pasado influye en gran manera en la forma en que los vemos hoy. Un escultor comienza su obra con un bloque de granito, un cincel y una maza. El novato espera que cada vez que apoye el cincel y golpee con la maza salte un trozo de granito, pero muchas veces no sucede nada.  Después de un rato, deja a un costado el cincel y la maza, desalentado. ¿Por qué? Porque cada vez que golpea el cincel, espera ver un resultado tangible. El profesional que esculpe junto a él, ha trabajado es esto durante años. Pacientemente, toma la maza y golpea el cincel, y para el ojo inexperto, no sucede nada. Pero el veterano sabe que no es necesario que caiga un trozo de granito cada vez que golpea, porque comprende que cada vez que lo hace, debilita la piedra. Si tiene suficiente paciencia, a su tiempo saltará del granito el trozo que desea que salga.

Ver los problemas en base a nuestras experiencias pasadas puede ser bueno o malo. Si hemos tenido buenas experiencias en el manejo de los problemas, podremos enfrentarlos bien en el futuro; si hemos tenido malas experiencias, probablemente continuemos igual hasta que comprendamos mejor cómo tratar con las dificultades.

Una pareja fue de campamento a la montaña, y su guía les dijo: “Ahora bien, verán algunas serpientes, pero no se preocupen, no son ponzoñosas”. Aunque el hombre tenía una tremenda fobia a las serpientes, salió a caminar solo al dia siguiente. Cuando volvió al campamento, tenía las ropas desgarradas, y estaba golpeado y sangraba. Su esposa le dijo: “¡Dios mío! ¿Qué te sucedió?”

Él respondió: “Oh… caminaba por uno de los senderos más altos, y vi una serpiente. Entonces me tiré por el precipicio que tenía 15 metros de profundidad”.

Ella le dijo: “Pero, querido, ¿no recuerdas que el guía dijo que las serpientes no eran ponzoñosas?” Y él le respondió: “No necesitan ser ponzoñosas para hacerte saltar al precipicio”. El daño ya estaba hecho. ¿Cuál era el problema del hombre? El problema no eran las serpientes; era el miedo a las serpientes. Sus malas experiencias anteriores hacían que viera el problema en forma equivocada.

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