Elija su meta.

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La razón por la que la mayoría de las personas no tienen éxito es simplemente que en realidad, no saben que desean de la vida. Pablo decía: “una cosa hago” (Filipenses 3:13). Él sabía lo que quería hacer. Una vez escuche a alguien decir que el éxito es “la realización progresiva de una meta predeterminada que vale la pena”. Tenemos que saber a dónde vamos.

La meta es predeterminada. El éxito no es casualidad; no es obra de la suerte, ni del destino. Es algo predeterminado. La meta vale la pena. No es un éxito si no contribuye en forma positiva a ayudar a las personas. El éxito es continuado. No es un hecho aislado, sino un recorrido, un proceso continuo. No es un premio que recibimos por una carrera que hemos ganado o un trabajo que hicimos bien. El éxito es el resultado positivo de un movimiento permanente hacia adelante.

Las investigaciones demuestran que aproximadamente el 95% de nosotros nunca ha escrito sus metas en la vida, pero del 5% que sí lo hizo, el 95% ha logrado sus metas. En 1953, en la Universidad de Yale, solo el 3% de los egresados de ese año tenían metas específicas escritas para sus vidas. En 1975, los investigadores descubrieron que ese 3% de los alumnos que habían puesto sus metas por escrito habían logrado más que el restante 97%.

Me pregunto cuántas cosas no llegamos a alcanzar porque no establecemos metas definidas al ponerlas por escrito. Continuamente encuentro personas que no establecen metas definidas porque hay demasiados factores en sus vidas sobre los cuales no tienen control. Hay límites físicos para lo que podemos hacer. Yo solo puedo arrojar una pelota a determinada altura  como máximo; más allá de eso, está fuera de mi control.

Pero dentro del límite de mi capacidad, tengo total libertad. El determinismo es tan parte de la vida como el libre albedrío, pero es mucho mejor aprovechar al máximo lo que podemos hacer, que lamentarnos por lo que no podemos hacer.

Una persona común pasa 20 años de su vida durmiendo, 6 años mirando la televisión, 5 años vistiéndose y afeitándose, 3 años esperando a otras personas, un año hablando por teléfono, y cuatro meses atándose los zapatos. Para ayudarle a comprender la importancia de tener metas y para facilitarle el proceso de determinar sus propias metas, permítame darle seis pautas muy importantes.

Su meta debe incluir a otras personas. Ninguna meta vale la pena si es solo para usted. Elija una meta suficientemente grande como para que incluya y sea de ayuda a otras personas.

Su meta debe ser mensurable. Es necesario que tenga una forma de ver si progresa hacia el cumplimiento de la meta.

Su meta debe ser expansible. No grabe sus metas en la piedra. Si su meta no es expansible, no sirve. A medida que crecemos, vemos más claramente las cosas, y debemos elevar continuamente nuestras metas. Triste es el día en que pensamos que hemos logrado nuestras metas y no nos queda nada más por hacer.

Sus metas deben estar llenas de convicción. La convicción es la confianza inamovible de que vale la pena trabajar para llegar a la meta. Es el combustible que nos empuja hacia adelante.

Su meta debe valer la pena.  No hay nada como una meta sin valor, no debe ser algo frívolo.

John C. Maxwell       

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