En el Día del Padre, ¿obediencia y honra? 1era Parte

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Generalmente, los hijos descubren a sus padres cuando llegan a la adolescencia. En la adolescencia dejan atrás la imagen idealizada propia de los niños y aprenden, a veces dolorosamente, la verdad que hay en sus padres. Es a partir de tal circunstancia que honrar a los padres, respetarlos y tener para ellos un temor reverente (obediencia), se convierte en una difícil elección. Una elección que, por lo demás, deberá hacerse día a día por el resto de la vida y que estará condicionada por el amor, la confianza y la fe que los hijos puedan cultivar en favor de sus padres.

Nuestro pasaje reclama dos elementos fundamentales del trato de los hijos a los padres: obediencia y honra. La primera tiene que ver con la estructura del sistema familiar. Este es un sistema jerárquico, es decir, requiere para su correcto funcionamiento del liderazgo y autoridad de unos así como del seguimiento y sujeción de otros. En un contexto cultural en el que se hace un culto a las relaciones democráticas, es decir, a las relaciones entre iguales, resulta difícil mantener el principio bíblico de la sujeción de los hijos a los padres. Sin embargo, generalmente son los propios padres los que erosionan tal principio de autoridad familiar. Al no asumir su responsabilidad de manera integral: como hombres, como esposos, como padres, etc., renuncian a su autoridad y favorecen un caos familiar que termina por confundir e incapacitar a los hijos. Cuando el padre deja de ser quien se necesita que sea obliga a los hijos a saltarse etapas en el proceso de su madurez personal, los obliga a madurar antes de tiempo. Es el equivalente de privar a los hijos del gateo, y de animarlos y, aún presionarlos, a caminar sin haber desarrollado aún sus habilidades sicomotoras.

Uno de los retos del adolescente es el identificar y asumir sus propias limitaciones. Aceptar que hay cosas que no sabe, otras que no puede y otras más que no le son propias, es un principio de sabiduría que todo adolescente debería cultivar celosamente. A ello se le debe sumar el reconocimiento de que sus padres requieren del aporte de su sujeción y obediencia, para poder cumplir adecuada y oportunamente con la tarea fundamental que les ha sido encargada: la formación inicial de su carácter. Los padres están para mucho más que alimentar, proteger, proveer y sustentar. Su tarea fundamental es dar forma a quienes todavía no la tienen. Reconocer sus propias limitaciones y las responsabilidades y capacidades paternas, ayuda a que los hijos conscientes puedan obedecer a sus padres.

Pastor Adoniram Gaxiola

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