El atractivo de las promesas imposibles del evangelio de la prosperidad 2da parte

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Temor religioso. Estos “evangelistas” tienden a infundir temor religioso sobre sus oyentes para que no se atrevan a cuestionar “al ungido del Señor”, estorbando así su capacidad de analizar objetivamente el contenido de su mensaje y la dicotomía evidente entre su estilo de vida y el cuadro que encontramos en las Escrituras de lo que debe ser un ministro del evangelio (compare 1Cor. 4:9-13; 2Cor. 4:7-11; 11:23-28)

Bonanza a pesar de todo. Otro factor que incide en la permanencia de este falso evangelio es el hecho de que algunos experimentan cierta prosperidad económica, fruto de aplicar algunos de los principios generales de buena administración que aprenden en estas iglesias; esto parece confirmar la veracidad del mensaje, lo que a su vez suele aumentar la codicia de sus corazones porque “el que ama el dinero no se saciará de dinero” (Ecl. 5:10).

¿Cómo inocular a nuestros oyentes de ese peligro?

             Enseñándoles a leer la Biblia en su contexto. Los predicadores de la prosperidad se distinguen por citar las Escrituras, sobre todo del AT, pero pasando por alto el contexto inmediato y general de los textos que citan.

             Presentando con claridad las demandas del evangelio (Mr. 1:14-15; Hch. 2:38; 3:19, 26) y del verdadero discipulado (Mr. 8:34-37; Lc. 14:25-33; Fil. 1:29).

             Infundiendo en ellos el espíritu de los bereanos (Hch. 17:11). Una cosa es respetar la autoridad pastoral (He. 13:17) y otra muy distinta seguir ciegamente a un líder, aún cuando se aparta de las claras enseñanzas de las Escrituras (Rom. 16:17-18); Fil. 3:17-19)    Mostrándoles las advertencias bíblicas contra la codicia (Pr. 23:4-5; Lc. 12:15; 1Tim. 6:6-10, 117-19; He. 13:5-6).

              Enseñándoles que Dios es bueno, sabio y soberano en la dispensación de Sus dones. No todos Sus hijos serán prósperos y saludables de este lado de la eternidad, pero todos experimentarán el mismo amor y cuidado paternal, manifestado de diversas maneras para Su gloria y el bien de nuestras almas (Jn. 11:3; Fil. 2:25-30); 1Tim. 5:23. Enseñándoles cómo manejar la tensión de ser hijos de Dios viviendo en un mundo caído (Jn. 15:18-21; 17:14-16; He. 11:13.    Por encima de todo, presentando a Cristo como la perla de gran precio, que sobrepasa infinitamente en valor cualquier oferta de este mundo temporal (Mt. 13:44-46; Fil. 3:7-8).

Pastor Sugel Michelén

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