¡Amadoras de sus esposos! 2da parte

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Uno de los factores presentes en la mayoría de los conflictos de pareja es, sin lugar a duda, la libertad con que algunas mujeres agreden emocionalmente a sus maridos. Conociéndolos íntimamente, conocen también sus fortalezas y debilidades emocionales. Así que nos les resulta difícil enfocar y disparar al blanco indicado. Sarcasmo, condescendencia, agresión, exhibición, etc., son las herramientas usadas por aquellas mujeres que no han aprendido a ser prudentes.

Más complejo resulta aún el hecho de que tal falta de prudencia incluye la mezcla de caricias positivas con caricias negativas. Es decir, de palabras y acciones que pretenden hacer saber al otro que se le ama y se le tiene en estima. Especialmente cuando las mujeres tienen una experiencia religiosa, se sienten obligadas (al sentirse culpables por las emociones y sentimientos que desarrollan hacia su esposo), a demostrar que aman a sus maridos. Y no encuentran en ello ninguna contradicción en su conducta ambivalente, que va del menosprecio al arrumaco. La consecuencia de esto es, primero la confusión y definitivamente, el alejamiento.

Ser amadoras del esposo, significa que este es primero en tiempo y en preferencia. Es lo mismo que se le pide a los esposos: que amen a su esposa como Cristo a la Iglesia, que se dio a sí mismo por ella. Nuestros sistemas familiares pueden ser rescatados y reedificados. Lo que hay que hacer no es ni un misterio, ni una cosa imposible: es cuestión de aprender a amar al cónyuge. Esto es lo que digo sin descanso a sus esposos y ahora lo hago con ustedes.

Finalmente, Pablo sustenta su argumento a favor de que las mujeres sean amadoras de sus maridos, en el hecho de que “[para que] nadie pueda hablar mal del mensaje de Dios”. Como creyentes en nuestro matrimonio ponemos en juego mucho más que la suerte del mismo. Ponemos en juego la credibilidad del evangelio. Para los de la propia casa y para los de afuera.

Por todo lo anterior vaya aquí nuestra invitación a las mujeres para que sean amadoras de sus maridos. Para que sean prudentes.

Para nuestra reflexión

Para las mujeres. ¿Cuáles son aquellas cosas que me dificultan el amar a mi marido? ¿En qué áreas de mi relación matrimonial debo esforzarme por ser más prudente?

Para la familia. Como esposo, ¿cómo puedo convertirme en una persona más fácil de amar por mi mujer? Para los hijos, ¿cómo podemos contribuir a la prudencia de nuestra madre?

Vida y Palabra Ministerio Casa de Pan

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